EL BUEN RETIRO

Como ya sabemos, Felipe IV era muy aficionado a dejarse caer por el Cuarto Real que tenía  destinado  en el Monasterio de los Jerónimos, donde oraba,  meditaba  y daba largos paseos por una finca llamada el Gallinero que poseía en los alrededores la esposa de su valido el Conde-Duque de Olivares, y este con mucha vista fue adquiriendo los terrenos de Atocha a Cibeles, en los que fue construyendo a partir de 1630 distintas edificaciones, jardines, fuentes, etc., creando un conjunto que pasó a ser el Palacio del Buen Retiro, se hizo un poco precipitadamente por lo que sus materiales no eran grandiosos, simplemente edificios de ladrillo, madera y pizarra en los chapiteles, aunque el interior fue dotado de magnificas obras de arte entre ellas cuadros de Velázquez que era el pintor de la Corte. Como diríamos hoy, la segunda residencia de los reyes, ya que el domicilio habitual era el Alcázar, pero a pesar de ser para descanso de la Corte, también se celebraban algunos actos oficiales con toda la pompa que caracterizaba a los Austrias.

Durante la guerra de la Independencia  los franceses se acantonaron en este Palacio y construyeron un fortín lo que contribuyó a su casi total desaparición, de tal forma que cuando Isabel II quiso rehabilitarlo la cosa no tenía remedio, era mejor derribarlo.

Por aquel entonces el emprendedor Marqués de Salamanca había creado el barrio que lleva su nombre en el ensanche de Madrid  (pelotazo urbanístico de aquella época, que como en todas se cocían habas), también había creado la Sociedad del Ferrocarril Madrid  a Aranjuez y pareciéndole bien crear una calle que uniera el barrio con la estación de ferrocarril compró a Isabel II los terrenos necesarios para crear dicha calle que hoy conocemos como de Alfonso XII, que separa los jardines del Casón del Buen Retiro y del ministerio del Ejercito, únicos edificios que se conservan en la actualidad de aquel fastuoso Palacio, según me cuentan al pueblo  no le pareció bien este chanchullo ya que la reina  no era quien para vender lo que no era de su propiedad, los terrenos eran de la Corona, no de la reina y según estaban las cosas pues fue un detalle mas que propició la caída de la buena señora.
El Casón del Buen Retiro, aunque  era el Salón de Baile no se parecía al aspecto que tiene desde su rehabilitación en el siglo XIX,  se le recubrieron los ladrillos y se le añadió el frontón y las columnas, nuevamente está en obras de rehabilitación para acoger algunos cuadros del vecino Museo del Prado.

 Ante él se encuentra un monumento a la reina Mª Cristina de Borbón mecenas de las artes, al morir el rey se casó secretamente con un sargento cuestión que la hizo bastante impopular, manipuló a su hija Isabel II que la educaron los liberales declarándola mayor de edad a los 13 años y casándola con su primo Francisco de Asís, esta reina no tenía desperdicio, su historia es muy “peliculera”.

Y en la misma plaza vemos la Real Academia de la Lengua, construida cuando se derribó el Palacio del Buen Retiro, inaugurada por Alfonso XIII en 1894 su arquitecto fue Jareño.

El Museo del Ejército era el Salón del Reino, por donde tenían que pasar los embajadores para ser recibidos por el Rey, guardaba las colecciones de Felipe IV, su aspecto era similar al actual, pero las estatuas de reyes españoles, de piedra caliza, que hay en la puerta principal se hicieron para el Palacio Real, parece que a Carlos III no le gustaban y se guardaron, hasta que Mesonero Romanos dijo que se sacaran a la luz para ornato público y se repartieron entre León, Toledo, Burgos, el  Retiro de Madrid, como no tenían nombre puesto el nombre del rey qe representaban para reconocerlas las pusieron nombres según la época de  la ropa que llevaban puesta los susodichos reyes.

 

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