RUBEN DARIO

Casa GarayHoy hemos empezado nuestra ruta en la Glorieta de Rubén Darío, moviéndonos en un radio muy reducido nos encontramos con un Madrid diferente al que acostumbramos ver en nuestros modernos barrios de casas uniformes y anodinas, en esta zona cerca de la Castellana  aún se conservan algunos palacios de principios del siglo XIX y finales del siglo XVIII, construidos fuera de la última cerca (no muralla), que tenía Madrid mandada levantar por Felipe IV, la cual no era defensiva ya que su finalidad era únicamente delimitar la ciudad, está situada a partir del Portillo de Santa Bárbara, al final de la calle de Hortaleza ,al ampliar Madrid a partir de ese punto se creó una zona que es la que conocemos como el Barrio de Salamanca  en la que se construyeron Palacios y casas señoriales,  algunos ya no existen, otros se conservan porque los compraron algunas Embajadas de Países extranjeros, otros como el del Marques PA240008de Santo Mauro han sido convertidos en Hoteles y otros en edificios públicos como la Casa del Defensor del Pueblo o la Institución Valencia de Don Juan que guarda en su interior maravillosas obras de arte que sólo pueden visitar los entendidos en la materia.
Del citado portillo además de la zona “rica, noble y palaciega” se creó otra zona hacia Santa Engracia y Sagasta que es el Barrio de Chamberí, junto a él y ya bajando hacia Hotaleza estaba el Saladero del que hoy no se conserva nada, fue construido en tiempos de Carlos III por el arquitecto Ventura Rodríguez y servía para matadero del ganado de cerda y su salazón después fue utilizado como cárcel de la Villa, a espaldas del Saladero en lo que hoy es Serrano Anguita se encontraba el edificio dedicado a la limpieza de Madrid, riegos, bomberos, etc.  y parece ser que lo hacía con gran eficacia y rigor.

Bajamos un poquito hasta el cruce de  Hortaleza con Mejía Lequerica y nos encontramos con este curioso edificio recientemente restaurado y que llama la atención por los lagartos que tiene bajo el alero del tejado.

Frente a él está este otro edificio que fue un palacete bastante sobrio con elementos renacentista en el que se distingue el trabajo de forja, y su cubierta de pizarra.

 Siguiendo por Almagro llegamos a la calle de Zurbano donde topamos con el Palacio del Marqués de Santo Mauro, hoy convertido en hotel.

Volviendo a situarnos en Rubén Darío bajamos hacia Fortuny para encontrarnos con un colegio de señoritas mandado construir a instancia de Zenobia,  esposa de Juan Ramón Jiménez, mujer muy comprometida con las mujeres de su época, este edificio es de un estilo ecléctico, mezcla de varios estilos y son  de destacar las mansardas con su pizarra, balaustradas y torreones muy al gusto francés que es lo que imperaba entonces y también es curiosa la decoración de granadas que tiene en las ventanas.

Tengo que volver ha hacer este recorrido para fijarme bien en las direcciones pues estoy muy perdida para decir ahora mismo si fuimos para arriba o para abajo, la cuestión es que en un  pequeño recorrido de muy poquitas manzanas llegamos a un edificio en estilo neo-árabe y medieval que es el Palacio de Valencia de Don Juan (Fortuny, 43)  hoy está dedicado a Museo pero no es visitable solo para los estudiosos del arte.

Frente a él está el Palacio del Defensor del Pueblo en un estilo llamado Monterrey porque se basa en el Palacio Monterrey de Salamanca , imita al estilo plateresco  también son de destacar los voladizos de madera propios de la zona Cantábrica, en conclusión que estos palacios mal llamados modernistas nos recuerdan muchos estilos sin tener ninguno propio.

En general siguen un estilo ecléctico  mezcla de varios estilos, negótico , neomudejar -muy de moda en la época sobre todo en edificios religiosos- y elementos neoclásicos, renacentistas
Al contemplar la  monumentalidad de algunas fachadas nos quedamos con la boca abierta, son fascinantes  los ventanales con esos adornos florales, guirnaldas que cuelgan, en ocasiones los balcones están soportados por columnas que dividen al balcón y parecen perder su función de sustento porque parecen meros elementos ornamentales por la profusión de adornos, de curvas, ramajes, flores, etc. etc… algunos palacios a la francesa tienen una arquitectura monumental y destacan sobre todo sus balcones en cestillo y el uso de las mansardas con los tejados de pizarra, la entrada principal suele ser un gran portalón para que entraran los carruajes y junto a la entrada está la casa del guarda que sigue el mismo estilo del palacio, algunas se conservan.
No se que más puedo decir, soy madrileña, me gusta mi ciudad, pero aunque siempre he dicho que tenemos que mirar para arriba, normalmente no lo hacemos (nos podemos dar con un Bolardo en las espinillas y un poco más arriba, y eso duele ..)
Es importante hacer estos paseos “de observación” por las ventajas que comportan a nuestros sentidos, veremos edificios por los que estamos pasando casi a diario y que jamás habíamos reparado en su belleza y que nos ayudarán a querer más nuestra ciudad.
La próxima visita que haga me prometo a mi misma que además de las fotografías anotaré el lugar al que corresponden

                                   

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